Google+ A vuelapluma (III) ~ el oido del mundo

lunes, 10 de mayo de 2010

A vuelapluma (III)

Hoy retomo mi "ciclo de relatos cortos de terror" que quiero compartir con vosotros gracias a la buena acogida que tuvieron a vuelapluma I y a vuelapluma II. De nuevo espero que os guste y me encomiendo a vuestros comentarios para seguir dando el tostón o no con mis vocaciones frustradas!!!!



Música para entrar en ambiente...



No sé cuanto tiempo llevo en esta postura…seguramente sean tan solo unos minutos, pero yo diría que llevo horas tapado con la sabana en posición fetal. Tengo los ojos tan apretados que creo que no voy a poder abrirlos cuanto reuna el valor suficiente para hacerlo. Tengo frío, mucho frío a pesar de que la calefacción está encendida como de costumbre. Puedo escuchar mi corazón golpeando con fuerza, como si quisiera salirse del pecho. Todavía tengo en la retina la imagen que se dibujaba en el rincón de la estancia. Yo estaba en ese momento en el que te mueves entre la vigilia y el sueño, cuando de repente me invadió la sensación de que no estaba solo. Algo se movía despacio, muy despacio, tanto que se podía seguir su silueta con el rabillo del ojo. Intentaba pensar que estaba soñando ya, pero nada más lejos de la realidad.

No oigo nada, aguzo mis sentidos para captar cualquier señal pero es inútil, tendré que levantar la sabana y averiguarlo por mi mismo…pero soy incapaz de hacerlo. El miedo es un concepto que conocemos desde pequeños, no es ajeno a nosotros, crecemos con él, pero a la hora de enfrentarse al verdadero terror, a una situación tan irreal que es real, nos desfondamos y sucumbimos ante él. Cuando se detuvo en la esquina, tuve más pánico si cabe. Sabía que debía mirar, enfrentarme al horror y quizás descubrir con alivio que tan solo era una sombra en la penumbra de mi cuarto. Lo hice sin pensarlo, sin asumir el riesgo que entrañaba para mi ya frágil salud mental el descubrir qué se pertrechaba en la oscuridad. Lo hice consciente de que mi cerebro tendría que procesar algo para lo que no estaba preparado, lo hice enfrentándome a aquellos dos ojos rojos que se iluminaban fijos, acusatorios, envenenados.

¿Qué debo hacer? ¿saltar de la cama? ¿levantar despacio la sabana y alargar mi agonía?. Creo que ya no importa, el colchón se está hundiendo a los pies de la cama. El frió es insoportable. Una mano(?) gélida me esta agarrando de los pies…esa cosa está sentada en mi cama. Su voz es gutural, grotesca, demoniaca….-”bienvenido”- me susurra su aliento fétido, nauseabundo, claramente perceptible a través de la sabana.

-Que quieres? – pregunto entre sollozos, he perdido mi dignidad, estoy totalmente aterrorizado - ¿Por qué yo?-
-Su aliento está casi sobre mí, puedo notar cómo sonríe y se burla. No necesito verlo para sentirlo. - ¿Y por qué no?...-

***

El miedo ya se ha esfumado, ha pasado lo peor. Ahora estoy en paz, he pagado mis errores y me dispongo a enmendarlos. -“Ha llegado el momento de mi redención” -. me digo mientras observo, envuelto en la más absoluta oscuridad, la cama a la que visitaré esta noche…

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